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La intolerancia a la lactosa

27 marzo 2019

La intolerancia a la lactosa es muy frecuente en todo el mundo. Esta no se trata de una enfermedad sino de una característica específica que se repite en muchas personas. En total se estima que más de la mitad de la población tiene intolerancia a la lactosa en mayor o menor grado.

Esta intolerancia a la leche y a los productos lácteos se produce en individuos con niveles insuficientes de la enzima lactasa, que se encarga de digerir la lactosa, el tipo de azúcar presente en la leche. La lactosa representa alrededor del 5% de la leche de vaca generalmente comercializada.

 

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Intolerancia a la lactosa no es lo mismo que alergia a la leche. La intolerancia a la lactosa se produce por una falla de enzima y no en razón de procesos alérgicos de quien sufre de alergia alimentaria.

 

La lactosa es un disacárido, una molécula de azúcar grande, formada por la fusión de dos azúcares simples: la glucosa y la galactosa. Nuestro cuerpo no puede absorber las moléculas grandes de azúcar y, por eso, nuestro sistema digestivo tiene enzimas especiales que descomponen los azúcares complejos en azúcares simples (monosacáridos), lo que permite su absorción en los intestinos.

 

Cuando los niveles de lactasa son insuficientes, la lactosa no se digiere en el intestino delgado y llega en gran cantidad al colon, porción del intestino rica en bacterias. Varias bacterias de nuestro intestino son capaces de fermentar la lactosa, un proceso que resulta en la producción de gases de hidrógeno y ácidos. Además, la lactosa es una sustancia altamente osmótica, que «saca» agua y sales minerales de la pared del colon, aumentando el volumen de las heces.

 

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Los signos y síntomas de intolerancia a la lactosa comienzan generalmente entre 30 minutos a 2 horas después de comer o beber alimentos que contengan lactosa.

 

Los síntomas más comunes son diarrea, calambres abdominales, flatulencia y abdomen dilatado. En los adolescentes, también son comunes las náuseas y los vómitos. La fermentación de lactosa por las bacterias produce ácidos, que hace las heces más ácidas y puede causar irritación (dermatitis del pañal) en el área anal.

 

En general, no se necesita cualquier tratamiento farmacológico para la intolerancia a la lactosa. La reducción en el consumo de productos lácteos es, generalmente, suficiente en la mayoría de los casos. Algunos pacientes toleran queso y margarina y necesitan suspender sólo la leche propiamente dicha.

 

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Para los casos más graves, ya existen en el mercado leche y otros productos lácteos sin lactosa, que es una buena solución para que el paciente no deje de consumir lacticinios. Hay productos con 0% de lactosa y con reducción del 80 al 90% de lactosa.

 

Incluso en los casos más graves, cuando el paciente necesita suspender totalmente el consumo de productos lácteos, esta interrupción puede ser solamente temporal. Después de un tiempo sin síntomas, el paciente puede reintroducir gradualmente los productos lácteos en la dieta. El organismo es capaz de asimilar la falta de la enzima lactasa y, si la “utiliza” poco a poco, el paciente puede volver a ingerir leche sin tener síntomas graves.

 

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